¿CÓMO DESAFIAR CREENCIAS LIMITANTES EN COACHING?
Cuando hablamos de cómo desafiar creencias en coaching, nos referimos a uno de los procesos más profundos y transformadores del coaching ontológico: acompañar a nuestros clientes a mirar de frente aquellas ideas instaladas desde hace años que hoy funcionan como límites invisibles.
Muchas veces, esas creencias se han vuelto tan naturales que ya no las cuestionamos; simplemente vivimos dentro de ellas. Como dijo Wayne Dyer: “Cuando cambias la forma en que miras las cosas, las cosas que miras cambian”. Al desafiar creencias arraigadas, ayudamos al coachee a cambiar su forma de mirar el mundo… y, con ello, su realidad.
LAS CREENCIAS EN EL COACHING: LENTES, FILTROS Y JAULAS INVISIBLES
En coaching solemos decir que las creencias son lentes a través de los cuales observamos la realidad. No vemos las cosas “como son”, sino como somos nosotros al mirarlas. Cada creencia funciona como un filtro que define qué consideramos posible o imposible, qué sentimos y qué acciones nos permitimos intentar.
Podemos imaginar las creencias como jaulas invisibles: no tienen barrotes físicos, pero condicionan nuestras decisiones, nuestra emocionalidad y nuestros resultados.
Por ejemplo, si un coachee sostiene la creencia “mostrar vulnerabilidad es signo de debilidad”, es muy probable que evite pedir ayuda, que no exprese lo que siente y que cargue con más peso del necesario. Esa creencia está diseñando su comportamiento y su experiencia emocional, casi sin que lo note.
Desde el coaching ontológico reconocemos que muchos de estos juicios fueron aprendidos en la infancia, en la cultura o en experiencias significativas. Operan de forma tan automática que se convierten en “verdades” incuestionables. Sin embargo, no son hechos, sino interpretaciones. Y cuando las tratamos como verdades absolutas, acaban restringiendo seriamente el campo de acción y el bienestar del cliente.
Por eso, desafiar creencias arraigadas es clave para expandir la realidad del coachee: al cuestionarlas, abrimos la puerta a nuevas interpretaciones, nuevas emociones y posibilidades de acción que antes ni siquiera entraban en su mapa.
Por ello, comprender y explorar la emocionalidad del coachee (nuestro cliente) es esencial si queremos facilitar un cambio significativo. A continuación, abordaremos la función de las emociones y luego cómo indagarlas durante una sesión de coaching, todo desde nuestra perspectiva como coaches profesionales, con ejemplos prácticos, metáforas y la calidez que caracteriza al estilo IAFI.
“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto.”
Henry Ford
IDENTIFICAR CREENCIAS ARRAIGADAS EN EL PROCESO DE COACHING
SEÑALES EN EL LENGUAJE, LA EMOCIÓN Y EL CUERPO
El primer paso para desafiar una creencia es poder verla. Como coaches, gran parte de nuestro trabajo consiste en ayudar al cliente a distinguir sus interpretaciones profundas de los hechos concretos. Para eso, escuchamos y observamos con atención tres dominios: lenguaje, emocionalidad y corporalidad.
En el lenguaje, suelen aparecer frases absolutas como:
- “Siempre me pasa lo mismo.”
- “Soy así y no puedo cambiar.”
- “La gente es…” / “El mundo es…” (dicho como algo fijo e inamovible).
Este tipo de expresiones nos señala que puede haber un juicio arraigado detrás, operando como marco general.
También prestamos atención a reacciones emocionales intensas o cambios notorios en la voz y la postura cuando el coachee toca ciertos temas. Un nudo en la garganta al hablar de un jefe, una sonrisa tensa al mencionar una relación, hombros que se tensan cuando se habla de dinero… Todo eso puede indicar que hay un significado profundo asociado a esa situación.
HACER VISIBLE LO INVISIBLE: DEVOLVER EL OBSERVADOR
Muchas creencias provienen de experiencias previas o de mensajes culturales tan repetidos que el cliente ya no los ve como creencias, sino como realidad pura. Ahí entra nuestra labor: ayudar a que esas ideas salgan a la luz.
Lo hacemos devolviendo con respeto lo que observamos, por ejemplo:
- “Noté que dijiste ‘siempre me pasa lo mismo’ cuando hablabas de tus trabajos.”
- “Cuando mencionaste a tu jefe, tus hombros se tensaron y bajaste la mirada.”
Al devolver estas observaciones, iluminamos las zonas ciegas del observador del coachee. De a poco, la persona comienza a darse cuenta de que no solo describe el mundo, sino que lo está interpretando a través de ciertos filtros.
CÓMO DESAFIAR CREENCIAS LIMITANTES CON PREGUNTAS PODEROSAS
DE “VERDADES ABSOLUTAS” A INTERPRETACIONES POSIBLES
Una vez identificada una creencia limitante, el siguiente paso es invitar al coachee a revisarla críticamente. Desafiar una creencia no es discutir con el cliente ni convencerlo de lo contrario. Es abrir un espacio de exploración donde él o ella pueda cuestionar por sí mismo aquello que daba por sentado.
En coaching ontológico, utilizamos preguntas poderosas para poner en movimiento estas estructuras rígidas. Algunas líneas de indagación posibles son:
- ¿Siempre se cumple esto que crees?
- ¿Qué evidencia real tenés de que sea así en todos los casos?
- ¿Podés pensar en alguna situación donde esto no haya aplicado?
- ¿De dónde surgió originalmente esta idea? ¿De una experiencia puntual? ¿De algo que alguien te dijo?
- ¿Qué precio estás pagando hoy por seguir sosteniendo esta creencia?
El objetivo es que el cliente deje de tratar esa creencia como un hecho “obvio” y pueda verla como lo que es: una interpretación entre muchas. Cuando logramos esto, la creencia pierde su carácter de “ley universal” y se vuelve algo que puede ser revisado, elegido o soltado.
«Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma.»
— Carl G. Jung
Ejemplo: de “pedir ayuda es debilidad” a “la vulnerabilidad como fortaleza”
Tomemos el ejemplo de un coachee que sostiene: “Pedir ayuda es signo de debilidad”. Esta frase, aparentemente inocente, le impide delegar, le dificulta conectarse emocionalmente con otros y lo lleva a sobrecargarse de trabajo.
En sesión, podemos invitarlo a explorar:
- ¿De dónde viene esa idea? ¿Hubo alguna experiencia en la que pedir ayuda te generó vergüenza o crítica?
- ¿Conocés personas a quienes respetas y que piden ayuda cuando la necesitan? ¿Las consideras débiles?
- ¿Qué pasaría si pedir ayuda fuera, en realidad, un acto de responsabilidad y cuidado hacia vos mismo?
A partir de esta indagación, puede emerger una nueva interpretación, por ejemplo: “Pedir ayuda puede ser una fortaleza, porque me permite apoyarme en otros y cuidar mis recursos.”
Esa nueva creencia abre posibilidades que antes estaban bloqueadas: delegar, trabajar en equipo, descansar, aprender de otros. En términos ontológicos, estamos transformando al observador que el cliente es frente al mundo.
TRES GRANDES FAMILIAS DE CREENCIAS A DESAFIAR EN COACHING
1-CÓMO DESAFIAR CREENCIAS SOBRE UNO MISMO
Son las creencias profundas que una persona sostiene acerca de su identidad, capacidades y valor personal. Configuran su autoimagen y pueden convertirse en límites autoimpuestos muy rígidos.
Ejemplos frecuentes:
- “No soy lo suficientemente competente para liderar a mi equipo.”
- “Por más que me esfuerce, no merezco el éxito.”
Este tipo de juicios erosionan la autoestima y pueden llevar al autosabotaje, la resignación o la postergación recurrente de objetivos.
Preguntas poderosas para desafiar creencias sobre uno mismo:
- ¿Qué evidencias objetivas tenés de que realmente no sos competente o “no sos suficiente”?
- ¿Esta creencia nació en una situación puntual o en la opinión de alguien? ¿Es justo seguir definiéndote hoy por ese momento?
- Si dejaras de definirte de esa manera, ¿Qué nuevas posibilidades se abrirían para vos en tu trabajo, tus vínculos o tus proyectos?
2-TRANSFORMAR CREENCIAS SOBRE LOS DEMÁS
Son juicios arraigados sobre otras personas, que influyen en cómo nos vinculamos, cuánto confiamos y cuánto control necesitamos ejercer en nuestras relaciones. Muchas veces se formaron a partir de una experiencia dolorosa que luego se generalizó.
Ejemplos típicos:
- “No se puede confiar en nadie; si no hago las cosas yo, todo sale mal.”
- “Los demás siempre me decepcionan.”
Cuando alguien sostiene estas creencias con mucha fuerza, tenderá a no delegar, a sobrecargarse y a mantener una distancia emocional como mecanismo de protección. Además, interpretará cualquier error ajeno como una confirmación más de sus juicios, reforzando un ciclo de desconfianza.
Preguntas poderosas para desafiar creencias sobre los demás:
- ¿De verdad nunca podés confiar en nadie? ¿Podés pensar en personas que sí hayan sido confiables con vos?
- ¿Qué situaciones específicas te llevaron a concluir que “siempre” te decepcionan? ¿Hay otras formas de interpretar lo que pasó?
- ¿Qué riesgo real corres si delegas o das un voto de confianza? ¿Y qué podrías ganar en tiempo, apoyo o aprendizaje si permitís que alguien te ayude esta vez?
3-CÓMO DESAFIAR CREENCIAS SOBRE EL MUNDO
Aquí encontramos los juicios generales acerca de cómo es la vida, el mundo o el destino. Funcionan como telón de fondo que colorea la mirada del cliente sobre todo lo que le pasa.
Ejemplos:
- “La vida es una lucha constante y nunca hay suficiente para todos.”
- “El mundo es injusto, hagas lo que hagas.”
- “Es imposible cambiar, la gente nunca mejora.”
Quien sostiene estas creencias suele experimentar resignación, cinismo o miedo al futuro. Parte de la base de que sus esfuerzos no marcarán una gran diferencia, lo que puede paralizar la acción y minar la motivación.
Preguntas poderosas para desafiar creencias sobre el mundo:
- ¿Es absolutamente cierto que el mundo siempre es injusto? ¿Podés encontrar ejemplos concretos de situaciones justas o de personas honestas que hayan prosperado?
- Si, en lugar de asumir que “nunca hay suficiente”, consideraras que el mundo está lleno de oportunidades, ¿qué pequeñas acciones cambiarían en tu día a día?
- ¿Qué evidencias reales podés encontrar de que sí es posible cambiar o mejorar? Pensá en casos de personas o comunidades que hayan logrado transformaciones positivas.
“No vemos el mundo tal como es, lo vemos tal como somos nosotros.”
— Attrib. a Anaïs Nin
EL ROL DEL COACH AL DESAFIAR CREENCIAS EN COACHING
RESPETO, CUIDADO Y ÉTICA EN LA INTERVENCIÓN
En coaching ontológico, desafiar creencias no es un ejercicio intelectual frío, sino un acto profundo de cuidado. Estamos interviniendo en estructuras que, muchas veces, han sostenido al cliente durante años, incluso si hoy le quedan chicas. Por eso necesitamos combinar valentía y delicadeza.
Nuestro rol no es decirle al coachee qué debe creer, sino acompañarlo a ver lo que antes no veía, abrir preguntas nuevas y ofrecerle un espacio seguro para ensayar interpretaciones más amplias. También es fundamental respetar los límites del coaching: si aparecen temas que exceden nuestro ámbito (por ejemplo, traumas muy profundos), es ético sugerir otro tipo de apoyo profesional.
CELEBRAR CADA TOMA DE CONCIENCIA
Cada vez que un cliente logra darse cuenta de una creencia limitada y se permite mirarla de otro modo, ocurre algo valioso: se expande su observador. Donde antes había una sola lectura cerrada de la realidad, ahora aparecen matices, alternativas, posibilidades.
Nuestra tarea es acompañar ese proceso con respeto y curiosidad, celebrando cada insight como un paso hacia una mayor libertad.
Podemos imaginar este trabajo como ir quitando capas de una cebolla o abriendo ventanas en una casa que siempre estuvo en penumbras. Cada creencia que se cuestiona es una ventana que se abre, dejando entrar luz y aire nuevo en la vida del coachee.
DESAFIAR CREENCIAS EN COACHING PARA EXPANDIR EL OBSERVADOR DEL CLIENTE
Al desafiar creencias limitantes de manera sistemática —ya traten sobre uno mismo, sobre los demás o sobre el mundo— ayudamos al coachee a debilitar los límites que su antiguo observador daba por naturales.
En lugar de vivir atrapado en “la historia de siempre”, empieza a reconocerse como quien puede rediseñar esa historia.
Cada creencia que el cliente logra cuestionar y resignificar representa un espacio de libertad que se recupera: al caer un filtro viejo, surgen nuevas posibilidades de acción, de pensamiento y de emoción.
En última instancia, este proceso le permite diseñar una realidad más coherente con sus objetivos y valores, y avanzar con mayor apertura y responsabilidad hacia el cambio deseado.
Como coaches de vida u ontológicos, sabemos que transformar resultados exige, antes que nada, transformar la forma en que miramos. Y ahí es donde el arte de cómo desafiar creencias en coaching se vuelve una herramienta esencial al servicio de la vida que nuestros clientes quieren crear.
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