LA IRA: CÓMO FUNCIONA Y CÓMO SE EXPRESA
La ira aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o golpear a un enemigo; también aumenta el ritmo cardiaco y la tasa de hormonas que, como la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas.
SIGNIFICADO DE LA IRA
La ira se manifiesta por la cara característica del ataque y de la violencia. Teóricos de la emoción han propuesto una serie de diversos temas para tratar la ira, pero no hay evidencia para sugerir un hecho central, pues puede haber varios temas a tratar sobre esta emoción.
A pesar de los esfuerzos de los teóricos, no está claramente demostrado qué es lo que despierta la ira. Cuando termines este artículo puedes leer sobre los ejemplos del enojo y cómo gestionarlo.
No está claramente demostrado qué es lo que despierta la ira
Según un estudio experimental desarrollado por psicólogos la situación más eficaz para despertar la ira en los niños es la interferencia física:
Al mantener agarrados los brazos de un bebé para que este no pueda liberarse, representa una metáfora precisa que ejemplifica una de las causas más frecuentes de ira en niños y adultos: que alguien interfiera con aquello que intentamos hacer.
Si pensamos que la interferencia es deliberada, no accidental o necesaria, nuestra ira puede ser más fuerte. La frustración con cualquier cosa, incluso un objeto inanimado, puede generar ira. Incluso puede haber frustración por una falla en nuestra propia memoria o la incapacidad de hacer algo que queremos hacer.
Cuando alguien está tratando de hacernos daño físico, la ira y el miedo son las posibles respuestas.
Lo mismo sucede si alguien trata de hacernos daño psicológico, nos insulta o denigra nuestra apariencia o nuestro rendimiento en una actividad o situación. Como se mencionó en el capítulo anterior, el rechazo de un ser querido puede ser otra causa para producir, no sólo tristeza, sino ira también.

Una de las características más peligrosas de la ira es que normalmente provoca más ira y este ciclo puede aumentar rápidamente. Se requiere un carácter casi santo para no responder con enojo a la ira de otra persona, especialmente cuando la ira de esa persona parece injustificada e irrazonable.
La decepción sobre el comportamiento de una persona también puede hacernos enojar, especialmente cuando esa persona es alguien que nos preocupa profundamente.
Podemos enojarnos con mayor intensidad con aquellos a quienes más amamos, curiosamente.
Puede parecer extraño que podamos enojarnos con mayor intensidad con aquellos a quienes más amamos, pero esas son las personas que pueden hacernos daño real y nos decepciona más fácilmente, pues creemos conocer a estas personas y, a su vez, tenemos expectativas de ellas de manera que cuando actúan de forma diferente a como nosotros esperamos nos suele generar confusión e ira.

En las primeras etapas de una relación romántica, podemos idealizar muchas fantasías acerca de la persona amada y enojarnos cuando esa persona no cumple con nuestra fantasía. Además, puede parecer más seguro mostrar la ira hacia alguien íntimo que hacia un extraño, dado que con los vínculos afectivos no existe el factor sorpresa en cuanto a la respuesta que esa persona nos pueda dar, la conocemos y sabemos de antemano como puede reaccionar.
Lo opuesto ocurre con persona extrañas a las cuales no conocemos y por ende el mostrar nuestra ira puede ser contraproducente y hasta dañino para nosotros pues no conocemos la forma en que este ha de reaccionar.
Otra razón por la cual nos podemos enojar con aquellos que más nos importan, es que esas son las personas que nos conocen íntimamente, conocen nuestros miedos y nuestras debilidades y conocen lo que más nos hiere.
Además, es posible sentir enojo con alguien que expone acciones o creencias que nos ofenden, inclusive siendo un completo desconocido. El solo hecho de leer algo en el periódico o en algún libro con juicios o creencias con las que no estamos de acuerdo puede despertar nuestra ira.

Los teóricos evolucionistas, Michael McGuire y Alfonso Troisi, hacen la interesante sugerencia que la gente normalmente puede mostrar diferentes «estrategias de comportamiento» en respuesta a las diferentes causas, los temas y variaciones de la ira.
La gente puede mostrar diferentes «estrategias de comportamiento» en respuesta a las diferentes causas de la ira.
Se podría argumentar que la frustración, la ira de otra persona, la amenaza de daño y el rechazo son variaciones de interferencia.
VARIACIONES DE LA IRA
El término ira abarca diversas experiencias relacionadas. Hay una gama de sentimientos que van desde el enojo, la molestia leve y hasta la furia. No son sólo las diferencias en la intensidad de los sentimientos de ira sino también las diferencias en los tipos de ira sentida.


La indignación es ira auto justificada, mal humor es ira pasiva, la exasperación se refiere a tratar de mantener la paciencia de forma excesiva. La venganza es un tipo de acción furiosa que por lo general es anterior a un período de reflexión acerca de la infracción, a veces de mayor intensidad que el acto que originalmente la provocó.
A diferencia de cuando el sentimiento de ira es breve, el resentimiento conforma otro miembro de la familia de la ira, en el cual se guardar rencor, un rencor de largo estadio, que es muy diferente a la ira comúnmente experimentada. Si una persona ha actuado de una manera injusta, se podría no perdonar, sin embargo, el sentimiento se alberga convirtiéndose con el tiempo en resentimiento, rencor que puede ser por un tiempo muy largo y a veces de por vida.
La ira acumulada es tierra fértil para el resentimiento
Esto no significa que se esté constantemente enfadado, pero cada vez que piense o vea esa persona, la ira vuelve a emerger con igual o mayor intensidad. La persona que se preocupa por una ofensa demasiado tiempo, rumiando en exceso sobre lo ocurrido, es propensa a que el resentimiento puede plantarse dentro de sí, haciendo que sea más difícil sacarlo y, haciendo a su vez, que la posibilidad de generar venganza sea mayor.
El odio, por su parte, es una aversión persistente e intensa. No estamos enojados continuamente con la persona odiada, pero encontrar a esa persona o escucharla cerca, fácilmente puede despertar sentimientos de enojo.
También estamos propensos a sentir repugnancia y desprecio hacia la persona odiada. Al igual que el resentimiento, el odio suele ser de largo estadio y se centra en una persona específica, generalmente, mientras que el resentimiento está conectado a una queja o un conjunto de agravios. El odio también puede anclarse, hasta llegar al punto donde nos preocupemos por la vida de la persona odiada.
Es difícil saber cómo clasificar el odio y el resentimiento perdurable. No son consideradas emociones dada la duración prolongada en tiempo. Llamamos al resentimiento una actitud emocional y al odio un vínculo emocional. El punto es reconocer que estos sentimientos están bastante relacionados con la ira, pero no son lo mismo que la ira.
La ira es una emoción, mientras que el resentimiento y el odio no.
MENSAJE DE LA IRA
En el capítulo anterior, explicamos que el mensaje de la tristeza era un grito de ayuda. Es más difícil de especificar un solo mensaje para la ira: «¡Fuera de mi camino!». Sin embargo, no parece encajar con la ira provocada en respuesta al enojo de otra persona o la ira sentida hacia una persona que uno lee en el periódico que ha hecho algo escandaloso.
A veces la ira es más que un sentimiento de querer a la persona ofensiva fuera de nuestro camino, es el sentimiento de querer hacer daño a esa persona.
La ira rara vez se siente sola por mucho tiempo. El miedo a menudo precede a la ira.
Algunas personas a menudo mezclan disgusto con ira, repulsión por el objetivo que también atacan. Por otra parte, el disgusto puede centrarse en uno mismo por haberse convertido en ira, por no haber ejercido un control suficiente sobre las personas o las circunstancias. Algunas personas se sienten culpables o avergonzadas por tener sentimientos de enojo.
La ira es la emoción más peligrosa ya que, podemos tratar de hacer daño al objeto de nuestra ira. Pueden ser sólo palabras de enojo, gritos o una respuesta más deliberada, pero el motivo es el mismo: causar daño al objetivo.

¿Se encuentra este impulso de herir necesariamente incorporado en la respuesta de la ira? De considerar afirmativa la respuesta, deberíamos retroceder en nuestras vidas para ver intentos tempranos de herir en nuestra infancia y observar su disminución cuando el niño se le enseña a frenar ese impulso.
Sin considerarse negativa la respuesta, el impulso de la ira puede ser simplemente para hacer frente a la fuerza en contra, sin que necesariamente tratemos de herir a la persona que lo está causando.
Si eso fuera así, entonces se podría observar un comportamiento agresivo en aquellos niños que aprenden, de los padres u otras personas, que herir a una persona es la forma más eficaz para eliminar el problema.
Si el daño no está integrado en el sistema de respuesta de la ira, entonces podría ser posible criar a los niños de tal manera que golpear o lastimar no sea parte de lo que hacen cuando están enojados con los demás.
Golpear, morder y patear son acciones que se llevan a cabo a muy temprana edad en la mayoría de los bebés, pero comienza a estar bajo control alrededor de los dos años y así disminuye sucesivamente cada año siguiente.
El psiquiatra y antropólogo Melvin Konner escribió recientemente: «La capacidad para la violencia… no es abolida…. siempre está ahí».
La capacidad para la violencia… no es abolida…. siempre está ahí
El impulso de hacer daño, para casi todo el mundo, es una parte central de la respuesta de ira. Sin embargo, también existen importantes diferencias entre nosotros en la manera en cómo sentimos estos impulsos violentos.
A pesar de que podemos condenar a la gente por lo que dice o hace cuando está enojada, somos capaces de entenderlos.
Es la persona que hace daño sin ira la que no es comprensible y es, a menudo, visto como verdaderamente aterrador.
La gente normalmente se arrepiente de lo que ha dicho cuando tiene ira. En sus disculpas explican que fueron capturados por la ira y afirman que lo que fue dicho no era realmente lo que querían decir, que sus verdaderas actitudes y creencias estaban distorsionadas por el poder de esta emoción.

La frase común «perdí la cabeza» es un ejemplo de esto. Las disculpas no son fáciles mientras se mantengan restos de ira y no puedan deshacer el daño hecho.
CONTROL DEL ENOJO
En cada uno de nosotros es diferente la intensidad con que podemos experimentar cada emoción. Algunas personas simplemente no tienen la capacidad para experimentar una cólera muy intensa y la furia exacerbada es algo que quizás nunca puedan experimentar en sus vidas.
Las diferentes expresiones de la ira no dependen únicamente de si la “mecha” es corta, sino en la cantidad de explosivos existentes.
Los científicos aún no saben el origen de esas diferencias, ¿Cuánto es aportado por la herencia genética y cuánto por el medio ambiente? Es muy probable que ambos desempeñen un rol diferente.
Casi todo el mundo puede evitar actuar o hablar cuando está enojado, incluso estando enfurecido. Tengamos en cuenta que decimos casi, porque hay personas que parecen incapaces de controlar su ira.

Esto puede ser un patrón de por vida o el resultado de una lesión en un área particular del cerebro. A pesar de que podríamos sentirnos obligados a decir algo desagradable o a llevar a cabo un ataque físico, la mayoría de nosotros puede optar por no actuar.
Unas pocas palabras podrían salir al aire, podemos agitar un brazo, pero el control es posible para casi todo el mundo. Todos nosotros, o casi todos nosotros, tenemos la opción de no hacer daño.
Se presupone que la mayoría de la gente actuaría de forma violenta si ve a su hijo en peligro de muerte o asesinato, surge entonces la pregunta: ¿Es esto realmente una pérdida de control?
Cuando la violencia alcanza un propósito útil, pocas personas lo condenan
Cuando la violencia alcanza un propósito útil, pocas personas lo condenan, aun no siendo impulsivo y planificado cuidadosamente. Incluso Su Santidad, el Dalai Lama cree que la violencia en tales circunstancias es justificable.
Pero no todo el mundo, incluso en una circunstancia extrema, sería capaz de actuar en forma violenta. No pareciera ser cierto que aquellos que no actúan tienen un umbral más alto para la ira, que una provocación más grave tenga que ocurrir para que se pierda el control, ya que es difícil concebir una provocación más extrema. Algunos no podrían actuar por miedo y otros por el valor y creencias muy arraigadas de nunca ser violentos.
Hay un costo cuando mostramos nuestra ira
Hay un costo cuando mostramos nuestra ira. Acciones y palabras iracundas pueden dañar una relación por un momento y a veces permanentemente, con frecuencia provoca represalias de la otra parte. Incluso sin las acciones de ira o palabras de enojo, nuestra expresión facial de enojo o el tono de la voz señalan el objetivo con el que estamos enojados.
Las personas enojadas no son bien vistas socialmente. Los niños con tendencias a enojarse pierden la aprobación de los demás niños, de igual manera los adultos enojados son socialmente relegados.
Cuando la ira es intensa, puede que inicialmente no se identifique o ni siquiera registremos que estamos enojados, es decir, que ni siquiera somos conscientes de estar enojados, a pesar de que estamos diciendo palabras de enojo y realizando acciones de enojo.
A mayor consciencia del enojo, mayor regulación de la reacción
El principal beneficio de ser conscientes y estar atentos a nuestros sentimientos de enojo, es la posibilidad de regular o suprimir nuestras reacciones, reevaluar la situación y planificar las acciones con mayor probabilidad de eliminar la fuente de nuestra ira.
Si no somos conscientes de lo que estamos sintiendo y simplemente actuamos en consecuencia, no podemos hacer nada de eso. Sin el darse cuenta, somos incapaces de reflexionar un momento sobre lo que estamos a punto de hacer o decir, nos encontramos más propensos a hacer o a decir cosas que después arrepentiremos.
Aunque somos conscientes de nuestra ira, si no somos capaces de estar atentos a cuando la comenzamos a sentir, si no somos capaces de dar un paso atrás, haciendo una pausa para considerar lo que está sucediendo, no vamos a ser capaces de ejercer cualquier elección sobre lo que lo que hacemos.
Por lo general, no vamos a ser inconscientes de nuestra ira por mucho tiempo. Tal conocimiento no garantiza el control, pero ofrece esa posibilidad de evaluar lo que haremos.
Para algunas personas el viejo adagio de “contar hasta diez” antes de actuar puede funcionar, mientras que otros pueden necesitar salir de la situación, al menos temporalmente, para permitir que su ira disminuya.
IRA EN LA INTIMIDAD
Hay una forma particular de responder con ira que provoca problemas en las relaciones íntimas. John Gottman encontró lo que él llamó “táctica del cerrojo” en sus estudios de matrimonios felices e infelices.

Los hombres más a menudo que las mujeres muestran una fría retirada de la interacción, en la que la persona se bloquea y no responde ante las emociones de su pareja.
Por lo general, la “táctica del cerrojo” es una respuesta ante la ira o la queja de otra persona, en la cual quien la pone en práctica se retira porque se siente incapaz de lidiar con sus sentimientos y los sentimientos de su pareja.
Lo más adecuado es abrirse a escuchar a la pareja y hablar sobre el enojo de ambos
Sería menos perjudicial para la relación si, en cambio, ambos se abren a la escucha de su pareja, reconoce su ira y es posible hablar de ello en un momento posterior en el cual es posible hablar y sentirse en un mejor control emocional.
Todas las personas tienen dificultades para controlar su ira cuando se encuentran en un estado de ánimo irritable. Cuando estamos irritables, nos enojamos sobre asuntos que no nos molestan normalmente, estamos buscando una oportunidad para enojarnos.
Cuando estamos irritables, algo que podría haber sido sólo una molestia hace que nos enojemos, mientras que algo que nos hace moderadamente enojar nos pone furiosos. La ira en un estado de ánimo irritable dura más y es más difícil de manejar. Nadie sabe cómo salir de un estado de ánimo, a veces, dedicarse a actividades divertidas pueden ayudar, pero no siempre.
PREJUICIOS Y PRECONCEPTOS SOBRE LA IRA
El enojo es una de las emociones más exploradas y reconocidas por el ser humano, ya sea por experiencia propia o por testimonios de otras personas, el enojo está presente con cierta constancia en nuestras vidas.
Existen ciertas creencias que esta emoción debe suprimirse hasta el punto de anularla
Existen ciertas creencias que esta emoción debe suprimirse hasta el punto de anularla, pues normalmente trae más problemas que la fuente original que la produjo, desde muy chicos se nos enseña a reprimir la expresión del enojo en mayor o menor grado.
Sin embargo, cuando nos enojamos sentimos fuerza, vitalidad, inclusive poder para enfrentar aquello por lo cual nos sentimos amenazados, es una sobre carga de energía disponible para la acción, que nos impulsa a reaccionar ante aquello que nos está contrariando del entorno y nos contacta con recursos que en estado de pasividad no poseemos.
Los motivos del enojo son muy variados, desde un día lluvioso hasta una amenaza real de vida, puede hacernos enojar, pero existe un factor constante en cada uno de los casos: la frustración.
Cuando tenemos el deseo de hacer algo, ya sea llevar algún proyecto a cabo, cumplir una meta o enfrentarnos ante alguna situación de apremio, existe cierto nivel de energía que nos impulsa para lograr dicho objetivo o para hacer frente a la situación. Cuando ese exceso de energía disponible para realizar nuestro deseo se ve obstaculizado se genera la frustración y en consecuencia enojo.
Un ejemplo representativo de ello es cuando le quitamos un juguete o un dulce a un niño, la energía impuesta en el acto de jugar o degustar se ve bloqueada por el entorno y ha de derivar en un arranque de molestia o ira en el infante, dada la imposibilidad de realizar lo que estaba haciendo.
Lo mismo ocurre a los adultos cuando por ejemplo un coche se te cruza en la vía cuando estamos intentando llegar temprano al trabajo, la energía colocada en “llegar temprano” se ve bloqueada por el entorno (en este caso el otro coche) lo que genera frustración seguida inmediatamente de un bocinazo y quizás un par de malas palabras como descarga del enojo.
Esta respuesta biológicamente instalada en nosotros crea un desbalance cuando respondemos de manera agresiva ante situaciones actuales que no requieren una respuesta con tanta adrenalina.
No cabe duda de que el enojo es útil y eficaz en muchas situaciones, sin embargo, es razón de estudio observar cuando puede ser resolutivo y cuando puede empeorar las cosas.
En este sentido, lo importante está en registrar CÓMO nos enojamos en vez de CUÁNTO nos enojamos.
Entonces, ¿Cómo podemos hacer para manejar mejor nuestro enojo? ¿Es preferible expresarlo o callarlo?
Socialmente la expresión del enojo no está bien vista, desde la infancia se nos enseña a reprimir los destellos de rabia y frustración que se suscitan en nuestra vida.

Esta actitud represiva hace que creemos un patrón de acción en cuanto a la expresión de nuestra ira en la cual o la expresamos de manera abrupta o no la expresamos en absoluto.
Esta característica de extremos opuestos viene dada gracias a que no tenemos la experticia ni el conocimiento adecuado para expresar nuestra ira de forma resolutiva.
Una vez que logramos entender y reconocer nuestro enojo, es importante conocer la forma cómo vamos a deshacernos del exceso de energía en nuestro organismo, es decir, la manera en que vamos a descargar esta emoción, pues una cosa es la descarga individual y otra muy diferente querer hacer daño y causar sufrimiento a la persona u objeto que ocasionó la rabia.
En este sentido vale identificar 3 aspectos para tener en cuenta: a) la velocidad e intensidad en que ocurre el sentimiento de enojo, b) lo que hace daño no es la descarga sino el hecho de querer herir a otro o a uno mismo, c) se debe realizar una descarga efectiva de manera que no queden remanentes que puedan perjudicar a largo plazo.
Aunado a lo anterior, la expresión de nuestro enojo no nos sirve de nada si no va acompañada con hacerle saber al otro nuestro sentir. De esta manera cuando decimos aquello que nos molesta, descargamos parte de la ira mediante la parte verbal de lo que nos ocurre; por otro lado, cuando comunicamos lo que nos molesta traemos a la luz de la conciencia del otro las acciones que causaron nuestro malestar, así aseguramos que la persona tome registro de lo que hizo en orden de que no se repita.
Recapitulando, lo que debemos hacer en orden de que nuestro enojo sea resolutivo es identificarlo en primera instancia para asegurarnos que la descarga será hecha por los medios propios e individuales sin atentar agresivamente contra el otro.
En segundo lugar, debemos expresar de manera calmada y sin rastro alguno de irritabilidad aquello que en principio nos hizo molestar, con el fin de que el otro se dé cuenta de lo que nos ocurre para que no lo repita en el futuro y evitar que se repita el conflicto.
Cabe hacer hincapié en que la expresión de nuestro enojo para con el otro debe ser bastante clara y precisa, por lo que es aconsejable no actuar cuando la emoción se encuentra en su clima máximo. De esta manera aseguramos una comunicación eficiente de lo que sentimos y expresa nuestras necesidades y requerimientos personales.
A medida que somos capaces de reconocer nuestro enojo y aprendemos a expresarlo de manera eficiente iremos paulatinamente creciendo hacia una actitud más comprensiva, de mayor apertura para con nosotros mismos tanto como para los demás.
FUNCIONES DE LA EXPRESIÓN DEL ENOJO
Podría parecer que el enojo no es útil o adaptado o, tal vez, la ira fue adaptada por nuestros ancestros que eran cazadores o recolectores, pero no en nosotros. Este tipo de pensamiento ignora una serie de funciones propias de la utilidad de la ira.
La ira puede motivarnos para detener o cambiar lo que nos hizo sentir rabia.
La ira ante la injusticia motiva acciones para lograr el cambio. La persona que ofende tiene que aprender que lo que nos ha hecho nos disgusta, si es que queremos que la persona deje de hacerlo.
Parte del mensaje que debemos obtener de nuestra propia ira es «¿Qué es lo que me está haciendo enojar?» Lo que puede no siempre ser obvio. La ira nos dice que algo tiene que cambiar, si queremos lograr el cambio más eficaz, es necesario conocer la fuente de nuestra ira.
Cabe destacar que la ira y el miedo a menudo se producen en las mismas situaciones, en respuesta a las mismas amenazas, la ira puede ser útil para reducir el miedo y proporcionar la energía necesaria para movilizar las acciones que hagan frente a la amenaza.
La ira se ha pensado como una alternativa a la depresión, culpar a otros en lugar de a uno mismo por los problemas experimentados
La ira se ha pensado como una alternativa a la depresión, culpar a otros en lugar de a uno mismo por los problemas experimentados, pero no es seguro que esto sea así, porque la ira puede ocurrir con depresión también.
La ira informa a otros del problema. Como todas las emociones, la ira tiene una señal, una señal poderosa tanto en el rostro como en la voz. Si otra persona es la fuente de nuestra ira, nuestra expresión de enojo le transmite a esa persona que lo que él o ella que lo que está haciendo es inaceptable.
Puede ser útil para nosotros que los demás reconozcan nuestra ira, no siempre, por supuesto, pues la naturaleza no nos equipa con un interruptor para activar o desactivar cualquiera de nuestras emociones en las ocasiones en que desearíamos tenerlas o no tenerlas.
Muchas gracias por leernos.
Como siempre esperamos que el contenido haya sido de utilidad.